Mein Kaft



Revelan las grandes historias antiguas que el Tártaro se convirtió en el lugar donde los grandes pecadores hallaban su justo castigo, para toda la eternidad.

Eternamente arrastrando una roca que caía en la ladera por su propio peso. El hambre y la sed eternas rodeado de manjares y límpidas aguas. El desvelo eterno. La eternidad viendo devorar tus propias entrañas.

La lucha sin fin, sin frutos, sin fundamentos.

¿En qué difieren estos castigos del consumo de uno mismo por sus propias Pasiones?

La lucha titánica contra uno mismo es la raíz de todo. Y lo más fácil es dejarse arrastrar, dejarse consumir.

Esto es lo que hay, dice una voz, no hay más.

Y o te dejas morir. O te dejas consumir. O emprendes tu propia guerra intramuros. Si ganas o pierdes, la devastación llegará, y las victimas colaterales serán tu Paciencia, tu Ilusión… y tu Esperanza.

Como Ícaro vio derretir sus alas por intentar llegar a lo más alto...

Desde el destierro


Me voy.
Pero me quedo.
Con la marea, mi voz
pierde en la espuma
su apariencia de arena.
Como si un cuchillo se desnudara
de muerte.
Voz yéndose,
naciéndose
a otras orillas
del viento y de la ausencia.
Allí donde puedan alcanzarme
una y otra vez, en infinitas olas.
Donde morir a tu cuerpo
sea
florecer a la noche.

Nocturno




Sé que me quieres…



Tu piel huele a la mía, por eso no te reconoces, no te encuentras. Por eso no se acercan a más de dos centímetros de ti, si al mirar a tus ojos no ven más que un cuerpo ensoñable con ojos y sabor a mujer.

Tus palabras dicen mi nombre, tanto si las escuchas como si no. Estoy en ti. Tu alma quiere pertenecerme aunque por las noches evoques otro cuerpo en sueños, y caigas exhausto.

Estoy en ti.



Y sé que me quieres…

Los días largos e infernales en que estás triste y piensas en ella, estoy en tus manos, en tus pasos, en tus lágrimas ahogadas y fluyentes. Porque mi voz es la tuya y si la llamas, es mi oído el que azuza el sentido y grita por ti. En el silencio y en la marea.

No estás en ningún paseo, ni en ninguna senda, ni en ninguna casa de algún tiempo. Estás en mi regazo. Tratando de ser feliz. Y me amas.

Tu alma quiere pertenecerme, en paz.




… Y no la dejas, no la dejas…


Despiece

Aquel día
que nos vimos
en los ojos
nuestras mentes
conectaron para siempre.
Ahora bajamos la vista diciendo:
No es verdad...